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Cuando, una mañana de martes de marzo de 2024, estaba en mi despacho del barrio de Chamberí, en Madrid, ayudando a una colega de 38 años con su planificación profesional, no imaginaba que justo esa labor como coach a partir de los 60 me llevaría al amor. La joven había traído a su tío, que la apoyaba económicamente, y ese hombre, diez años mayor que yo, iba a cambiar mi vida.

Muchas de nosotras damos por hecho que la actividad profesional y la búsqueda de pareja son dos mundos separados. Puedo decir por experiencia que no es así. Precisamente querer arrancar como coach con 60 años me abrió puertas inesperadas, tanto en lo profesional como en lo personal.

Por qué a los 62 volví a empezar como orientadora personal

Después de 35 años en el departamento de recursos humanos de una gran aseguradora madrileña, en 2022 me prejubilé. Los primeros meses disfruté de la libertad. Pero ya en otoño de ese mismo año me apunté a un curso de diez semanas para ser coach y orientadora personal certificada. La formación costó 3.200 euros y terminó en febrero de 2023 con mi acreditación.

¿Qué me impulsó? Sinceramente, darme cuenta de que en mi vida laboral había gestionado expedientes de personal, pero pocas veces había acompañado de verdad a personas. Ahora quería recuperar eso. Según una encuesta de la Cámara Económica de Austria (Wirtschaftskammer Österreich) de 2023, el 23 por ciento de todas las nuevas orientadoras personales habilitadas en Austria tiene más de 55 años; yo no estaba, pues, sola con este deseo de vivir una reorientación profesional siendo senior.

Mi primera sala de coaching y las primeras clientas

Alquilé una pequeña sala en un espacio de coworking del barrio de Chamberí. Allí recibí, a partir de marzo de 2023, a mis primeras clientas. La mayoría tenía entre 30 y 45 años, a menudo en fases de cambio profesional o con temas de pareja. No buscaban a una terapeuta, sino a alguien con experiencia de vida que les ayudara a tomar decisiones.

Comprobé que mi edad no era una desventaja, sino mi mayor capital. Las mujeres más jóvenes valoraban mi calma, mi paciencia y el hecho de que yo misma hubiera atravesado crisis: un divorcio, reveses profesionales, golpes de salud. El coaching en la madurez significaba para mí poder hablar con autenticidad de mis propios rodeos, sin tener que parecer perfecta.

Cómo un acompañamiento se convirtió en un encuentro inesperado

En marzo de 2024 vino a verme Lucía. Tenía 38 años, era diseñadora gráfica y quería establecerse por su cuenta, pero dudaba de su seguridad económica. En la segunda sesión trajo a su tío, un arquitecto de Valencia que quería apoyarla en la puesta en marcha. Se llamaba Tomás, tenía 72 años y al principio solo estuvo sentado en silencio.

Después de la sesión me preguntó si podíamos tomar un café los tres. Acabamos en el Café Gijón, en el paseo de Recoletos, y mientras Lucía hablaba por teléfono, entre Tomás y yo surgió una conversación sobre el desarrollo profesional de las personas mayores, sobre los comienzos tardíos y sobre que, pasados los 60, uno está muy lejos de estar para el arrastre.

Intercambiamos números. Me escribió al día siguiente y me preguntó si podíamos vernos en privado. Dudé, no porque me resultara antipático, sino porque temía poner en peligro mi papel profesional. Pero Lucía solo se rio cuando se lo conté: "Marlene, tú me has ayudado a ser valiente. Ahora sé valiente tú."

Qué tienen en común el coaching y la búsqueda de pareja

Mirando atrás, veo que mi actividad como coach a partir de los 60 y mi búsqueda de pareja tenían el mismo núcleo: la apertura al encuentro. Como coach aprendí a escuchar de verdad, a hacer preguntas, a percibir a las demás personas en su complejidad. Esa actitud también me ayudó en lo privado.

Tomás y yo quedamos al principio sin compromiso. Fuimos al Museo del Prado, hicimos una cata de vinos en la Ribera del Duero, una experiencia que no puedo sino recomendar, porque una cata de vinos en pareja crea cercanía a través de la vivencia compartida. Hablamos de arquitectura, de mis clientas, de sus hijos ya adultos.

Me di cuenta de que no tenía que ser diferente, ni parecer más joven, ni más perfecta. Mi trabajo me había enseñado que la autenticidad es el único camino hacia una conexión real. Eso valía también para el amor.

Desarrollo profesional y crecimiento personal después de los 60

Coach a partir de los 60: el coaching como camino hacia el amor

Hoy, en la primavera de 2025, llevo más de un año con Tomás. Él sigue viviendo en Valencia y yo en Madrid, pero nos vemos todos los fines de semana. Decidimos conscientemente no irnos a vivir juntos de inmediato. Cada uno de nosotros todavía necesita su propio espacio, su propia estructura.

Mi consulta de orientación va viento en popa. Ahora tengo 14 clientas habituales y dos clientes. Algunas vienen solo para tres o cuatro sesiones; a otras las acompaño durante meses. Transmitir mi experiencia en orientación personal no significa para mí dar soluciones, sino ayudar a las personas a encontrar sus propias respuestas.

Y compruebo que mi propia historia de amor me hace más creíble como coach. Cuando una clienta de 45 años dice que es demasiado mayor para un nuevo comienzo, puedo contradecirla desde mi propia experiencia.

Pasos concretos para que el coaching a partir de los 60 conduzca a un encuentro

Para quienes se plantean si quieren arrancar como coach con 60 años, aquí van mis conclusiones más importantes:

  • Invierte en una formación sólida. Una orientación personal seria exige certificación: en Austria, a través de la Cámara Económica (Wirtschaftskammer); en Alemania, a través de institutos reconocidos como el Deutsche Institut für Betriebswirtschaft (dib) u otras entidades similares.
  • Elige un lugar que facilite los encuentros. Mi espacio de coworking no solo me puso en contacto con clientas, sino también con otras personas autónomas: posibles amistades y algo más.
  • Usa activamente tu experiencia de vida. Cuenta tus rodeos, tus dudas, tus nuevos comienzos. Eso no te hace menos profesional, sino humana.
  • Mantente abierta a lo inesperado. Que Tomás entrara en mi vida a través de una clienta es algo que nunca habría planificado, pero así es exactamente como funciona la vida.

Qué cuento hoy a mis clientas sobre la búsqueda de pareja

Muchas de mis clientas más jóvenes me piden ahora consejo en asuntos del corazón. Entonces les hablo de Tomás, de nuestro primer café, de mi miedo a volver a abrirme. Y les digo: el amor no tiene fecha de caducidad.

Una de mis clientas, de 52 años, se registró tras nuestras conversaciones en una plataforma de citas de estilo de vida. Allí conoció a un empresario de 61 años que la trata con respeto y generosidad. Los dos saben lo que quieren, y lo que ya no tienen que soportar. Esa es la ventaja de las relaciones en la segunda mitad de la vida.

También el tema de entender los estilos de apego y por qué él se aleja sale a menudo en mis sesiones. Muchas mujeres mayores de 50 tienen patrones de relación que repiten desde hace décadas sin ser conscientes de ello.

Segunda carrera a partir de los 60: más que un pasatiempo

Algunas personas me preguntan si mi labor de orientadora no es solo un hobby, un pasatiempo para la jubilación. Mi respuesta es clara: no. Es cierto que no gano una fortuna con ello, en promedio 1.200 euros netos al mes, pero es un trabajo real y con sentido. Y ha enriquecido mi vida de una manera que no habría creído posible.

La segunda carrera a partir de los 60 no es el final de una trayectoria profesional, sino el comienzo de una etapa nueva y más plena. Hoy trabajo menos horas que antes, pero con más pasión. Y estoy convencida de que esa misma actitud interior fue lo que atrajo también a Tomás.

Mindfulness y equilibrio en las nuevas relaciones

Coach a partir de los 60: el coaching como camino hacia el amor

Tomás y yo cultivamos conscientemente rituales que nos ayudan a mantener el equilibrio entre cercanía e independencia. Cada domingo por la mañana hablamos por teléfono una hora antes de empezar el día. Suena banal, pero nos da estructura y fiabilidad.

Yo también he desarrollado para mí misma rituales de mindfulness que me dan equilibrio para nuevas relaciones a partir de los 60. Cada mañana medito diez minutos antes de ir al despacho. Eso me ayuda a no caer en viejos patrones, ni en lo profesional ni en lo privado.

Qué haría de otra manera

Si soy sincera: tendría que haber empezado antes. No con la orientación, que llegó en el momento justo, sino con el valor de mostrarme. Durante años pensé que, pasados los 60, uno se vuelve invisible, irrelevante. Lo contrario es verdad.

También tendría que haberme permitido antes no separar tan estrictamente las esferas profesional y privada. Por supuesto, hay que seguir siendo profesional, pero que conociera a Tomás porque acompañaba a una clienta no es un defecto, sino simplemente vida.

Preguntas frecuentes sobre coaching y amor a partir de los 60

¿Puedo volver a arrancar como coach a partir de los 60?

Sí, y con mucho éxito, si completas una formación sólida y entiendes tu experiencia de vida como una fortaleza. Muchas clientas buscan expresamente a coaches mayores porque valoran su calma y serenidad.

¿Cómo encuentro yo misma el amor siendo coach?

Manteniéndote abierta y viviendo también en lo privado la actitud que cultivas en el coaching: autenticidad, curiosidad, respeto. El amor surge a menudo donde no lo esperamos, por ejemplo a través de encuentros profesionales o de intereses compartidos.

¿Es poco profesional tener contacto privado con familiares de clientas?

Depende del contexto. En mi caso, Tomás nunca fue cliente mío y Lucía incluso me animó. Lo importante es que la relación profesional no se resienta y que todas las personas implicadas estén de acuerdo.

¿Qué formación necesito para poder ofrecer orientación personal en la segunda mitad de la vida?

En Austria necesitas una habilitación profesional de la Cámara Económica (Wirtschaftskammer); en Alemania, una acreditación según estándares reconocidos. La formación suele durar entre seis y doce meses y cuesta entre 2.500 y 5.000 euros.

¿Cómo encuentro el equilibrio adecuado entre el trabajo y una nueva relación?

Marca límites claros y cultiva rituales conscientes. Tomás y yo tenemos momentos fijos en los que nos vemos y hablamos, pero también momentos en los que cada uno vive su propia vida. Eso protege la relación del agobio.

Conclusión: ser coach a partir de los 60 significa seguir abierta al encuentro

Como coach a partir de los 60 no solo he encontrado una nueva identidad profesional, sino también el amor. Ambas cosas estaban relacionadas: mi trabajo me enseñó apertura, autenticidad y la capacidad de escuchar de verdad. Justo esas cualidades las necesité también para encontrarme con Tomás y construir una relación madura y respetuosa.

Animo a toda mujer de más de 60 que esté pensando en empezar de nuevo profesionalmente: hazlo. No solo por el dinero, sino porque te mantiene viva, porque te conecta con las personas, porque te hace crecer. Y quién sabe: quizá al final te espere no solo una actividad plena, sino también el amor.